EL AÑO DEL CABALLO

HISTORIA DE UNA BÚSQUEDA EN ORIENTE

Lo que vamos a recorrer es la extensión completa de la Cosmovisión tradicional de China y Japón, desde la alquimia interna hasta la vía del guerrero, desde el tránsito después de la muerte hasta la integración en la vida cotidiana. Esta será una continuidad ininterrumpida, como un río que atraviesa todos los mundos.

Esto es doctrina interior, transmitida en susurros en las escuelas antiguas, y plenamente compatible con el espíritu de la Tenshin Shōden Katori Shintō Ryū, donde el guerrero es un sacerdote del filo, un custodio del orden cósmico.


En la llanura silenciosa de Shimōsa se alza el santuario de Katori, guardián invisible de los pactos entre hombres y dioses.
Allí comenzó un camino que nació para el despertar del alma. Nunca para la guerra

Hubo una vez un guerrero que buscó el silencio.

Su nombre era Iizasa Chōisai Ienao, contemporáneo de nuestro D,Artagnan, un samurái cuyo destino fue arrancado de raíz por el derrumbe del clan al que servía.
Pero en vez de levantar otra espada y otro juramento, eligió la soledad.

ÍNDICE

-EL PINCEL Y LA ESPADA

-BUDO

-EL PADRE

-EL TAO

-EL PUNTO CIEGO Y EL HILO DE SEDA

-EL AÑO DEL CABALLO

-LA FUENTE DE NARITASAN

-LAS VOCES SILENCIOSAS DEL ACERO, LA MADERA Y EL VIENTO

-CORAZÓN DE TIBURÓN

-HUNDIR EL QI

-EL HOMBRE ZORRO

-KOKORO

-LA PEQUEÑA ÓRBITA

-CAMINANTE DEL AMANECER

-LA LLAMA BLANCA

-MAGIA Y MÍSTICA DEL CUERPO

-LA REINA PIRATA DE LA BAHÍA BO HAI

-LA MONTAÑA

-LA FLOR DE ORO

-LAS CUATRO FUERZAS

-CARMELO RÍOS

-EL DAN TIEN

-SÁNCHEZ DRAGÓ

-LAS BODAS ALQUÍMICAS

-LOS NUEVE CORTES

-REN (HOMBRE)

-LLENO Y VACÍO

-LA MUJER ES LA CIUDAD

-LA PAREJA IINTERNA

-EL ARTE DE LA ALCOBA

-LA COPA DE LA COMPASIÓN

-DOS LEONES

-DOMAR EL FUEGO

-LINGZHI, EL CHAMPIÑÓN DE LA INMORTALIDAD

-EL ROCÍO

-EL FÉNIX

-LA VÍA DEL GUERRERO DE LAS SOMBRAS

-OTRA VEZ LA HORDA DORADA

-CODA Y EPIFANÍA

EL TAO                                                                              Una antigua Tradición dice: «Si una persona puede permanecer clara y pura sin interrupción, el Cielo y la Tierra regresarán por entero». Entonces las Tres Flores se reúnen en la coronilla y los Cinco Alientos regresan al Origen; puede uno atravesar la Puerta de las Maravillas Innumerables, misterio dentro del misterio. Si, además, se logra poner en movimiento la bandera numinosa durante el día y, en la noche, gestar el Hongo de Fuego, nutrir con calor al Feto Sagrado y dar a luz al Niño Rojo —hasta alcanzar el punto en que se abandona la envoltura y se transforma el espíritu, restaurando el Yang y renovando los huesos—, eso es el talismán de jade que protege al espíritu y el licor dorado que refina la forma: cuerpo y espíritu en prodigiosa unidad, alguien que se funde con el Tao de manera real y completa. Hay enseñanzas antiguas que insinúan todo. Su lenguaje es como la luz en un templo al amanecer. Muestra formas, pero deja intacto el misterio que las aníma. La escritura habla de claridad y de pureza, pero no se refiere a la moral ni a la ascética; alude a un estado del ser en el que nada sobra ni nada falta. Cuando esa transparencia se mantiene sin interrupción, dicen los maestros, el Cielo y la Tierra reconocen su propio reflejo y regresan a quien la sostiene. Es un retorno silencioso, comparable al de un animal salvaje que vuelve a acercarse cuando percibe que ya no hay miedo en el aire. Las Tres Flores, reunidas en la coronilla son las esencias que el cuerpo ha sabido guardar sin dispersión. Se elevan como fuerza, claridad y vitalidad, y al encontrarse forman una lámpara interior que disipa las sombras. Los Cinco Alientos, al volver al Origen, hacen que la vida respire con el ritmo con que respiran las montañas. Cuando eso ocurre, la Puerta de las Maravillas se abre. Ningún templo la custodia, ningún guardián la defiende; está en el propio centro, donde lo humano y lo celeste se rozan sin confundirse. Mover durante el día la bandera del Ser significa aprender a gobernar el espíritu en plena vigilia, sin dejar que el mundo exterior robe su posición. Es una práctica que se parece más a enderezar una llama que a imponer disciplina. Por la noche, gestar el Hongo de Fuego implica dejar que el calor secreto del cuerpo cree algo que no pertenece enteramente a la carne ni enteramente a la luz. Ese fuego lento nutre al Feto Sagrado, la figura íntima del ser que aún no ha sido, y prepara el nacimiento del Niño Rojo, ese destello que permitirá al practicante transformarse sin romperse. Llegar al punto de abandonar la envoltura y transformar el espíritu ha sido interpretado de mil maneras. Algunos hablan de un segundo nacimiento, otros de la pérdida de lo pesado, otros de un retorno a la claridad primera. Restaurar el Yang y renovar los huesos es la recuperación de un temple profundo, de una firmeza que no es rigidez. Es como si el cuerpo recordara la música con la que fue creado y la afinara de nuevo. Y aparece el talismán de jade, que protege al espíritu porque le concede una transparencia inviolable. Y el licor dorado, que refina la forma, trabaja en silencio hasta que cada gesto se vuelve exacto. Cuerpo y espíritu se reconocen, dejan de huir el uno del otro. Cuando esa reconciliación ocurre, lo que llaman unirse al Tao es un modo nuevo de estar en el mundo, tan discreto que sólo quien ha pasado por ello puede comprenderlo. Quien llega a ese punto se convierte en alguien real. Ni un sabio, ni un santo, ni un inmortal. Y esa realidad desnuda es lo que la escritura llama volver al Tao. Volver al Camino.

¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar